A canicas

Sobraba un gato.
¿Quiere un gato?, ¿eh, Adelino, quiere un gato?
¿Y a usted, Carmen, le viene bien un gato?

En aquellos entonces, cuando la guerra, el mundo era de un redondo diferente. El animal no hacía compañía. Tenía utilidad. Como la alacena. O el candil. O la tinaja. Los veterinarios todavía no se licenciaban en una rama de la psiquiatría.

Mataron al gatito de un pisotón.
En toda la cabeza.
Mientras dormía.
Dejó un trazo gris en el empedrado del patio.
Junto al pilón.
A la fresca.
Donde jugábamos a canicas.

2 Comentarios:

P MPilaR dijo...

Sin subterfugios

Al misino
le arderán
los pelos
por pocos
y por pelos.
-abrasau-
*voto a Satán que me espanta más grandeza*

P MPilaR dijo...

Sin subterfugios

Al misino
le arderán
los pelos
por pocos
y por pelos.
-abrasau-
*voto a Satán que me espanta más grandeza*

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