Un buen profesor de literatura nos acompaña toda la vida

La sonrisa barata, jilguera y colorina, los zapatos remendados, la pernera revuelta y el sudor sin componer mapas en sus sobaqueras. Su novia le dijo que sí y casaron rápido —porque la vida es asunto de un rato— y mientras unas calenturas se la estaban llevando le dejó este mandado: «atiende, te quiero siempre barato, jilguero y colorín, si no rabio en la tumba». Ya de viejo se sentaba a la fresca del Casino y repartía a los chicuelos silbos, soniquetes y coplas que embobaban y ponían tiernas a las mozas. Con las primeras anochecidas ajilaba a casa. Liaba tabaco para entretenerse el transitar y se tenía en pie como los fusilados valientes, los que se saben fusilados gane quien gane la guerra.








Carolyn Cole

1 Comentario:

Neeze dijo...

Por un momento pensaba que hablabas de Antonio Machado, luego no sé, el maestro podría ser muchos. Y me ha encantado lo de «atiende, te quiero siempre barato, jilguero y colorín, si no rabio en la tumba»

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