Cada vez que suena un pedo un ángel se truca la motocicleta

—¿Quieres follar?

Rubita: 18 años, tetillas cascabeles, chiribitas en las pupilas, labios arenas movedizas, cuello tobogante. El bullicio baretil nos obliga a gritarnos a la oreja.

—¡¿Y ese puntazo?!
—¡Porque…! Uf, qué nerviosa estoy… ¡Porque no sabes lo que significa esto para mí…! ¡Porque eres lo más bestia que he leído en mi vida…! ¡Me pones a mil…! ¡A mil…! ¡Y porque debes follar como los ángeles…!
—¡¿Y si no?!
—¡Imposible!
—¡Jo!
—¡En serio, tú debes follar como los ángeles…! ¡Como los putos ángeles hechos carne…! ¡Tú debes sudar las palabras en cada polvo… ! ¡Debes pringar de facundias… y blablablá y blablablá…!

En efecto, la madre de todos los gatillazos habidos y por haber. Se viste con ojillos apaleados de niña que ha descubierto antes de hora que Papá Noel son los padres y las Navidades el Corte Inglés. Pero aún faltaba la guinda.

—Nunca pensé que tu poesía me defraudaría tanto.








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