Cuando conducimos

Cuando conducimos y no nos vienta, y los prados,
las veredas, no palmotean las ventanillas en modo limosna.
Y silueteamos con las cuencas el tartamudo columpio,
la voluntad petrificada de la muda de serpiente,
el cansino tal vez de la mecedora,
las costras rodilleras del niño que no juega por observador.
Cuando conducimos y las líneas discontinuas
nos mantienen pensantes al creerlas pálpitos.
Y el motor mecanografía angosturas de féretro.
Y nos es ungido el pellejo de los desvanes.
Y despegamos de nuestras huellas. Quietamente.
Cuando conducimos y nos zambullimos en el ocaso
que huye de horizonte en horizonte,
cuando el viaje que nos trajo, ya nos lleva, y transparentamos,
de tan no, transparentamos... Oh, dios mío,
¿qué serán los que se quedan cuando conducimos?

2 Comentarios:

Le.chatnoir dijo...

Y yo sin carné...

Besos.

Sarco Lange dijo...

Están todos nuestros muertos jugando en el casino del no querer volver. Por la mierda...

Apretón de manos.

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