Un mal profesor de literatura nos dura toda la vida

Estaba solemne. El pescuezo derecho como podenco encaramado a cátedra, los oídos estirados a las cuatro direcciones, el ojo fino y las uñas higiénicas y fronterizas: engalanado de postura. ¿En qué queda un hombre que no se ahonda la postura vigilante?, decía. Convidaba a los mozos a viento fullero y peleón y les romanzaba plegarias para espantarse el discurrir. Reía con horario, tarifa y picaporte, y se tenía en pie como los fusilados cobardes, los que codician haber ganado la guerra.








Carolyn Cole

1 Comentario:

P MPilaR dijo...

*uno solo no ganó

si no hizo guerra*

'al de pescozón floreado// luengo insano profesor
'al romanceador de libro// vistas sus las tripas
f u e r a

Textos del CdC bien peinados


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