Al pasar la barca me dijo el barquero

Soy lo que parezco:
niña.

Sin embargo,
créeme,
no estoy peleada con la realidad.

          Ni me cansa.
          Ni me asusta.

Y aunque no cabe posibilidad alguna de que intimemos
nos saludamos con cortesía
cuando coincidimos en el ascensor.

Por eso te pido
que no te impongas la obligación moral de mentirme.

          No es necesario.

          Por favor,
          amor,
          no es necesario.

Con cada mentira tuya
crezco.








Ellen Kooi

Textos del CdC bien peinados

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