Mientras tanto, una vela a Satanás y otra al diablo

Nació vieja, en el quicio de dos prostíbulos, donde las callejuelas dialectan a su matutino antojo la peste. Encanijó a causa de esa media hambre que tabica los estómagos pero no mata y se ganó su medio pan haciendo mandados y echando las cartas. Heredó el saber que remediaba escozores y ronchas de mancebía y alcahueteaba para el señorito Quintín entre las mocitas de los telares. De retina felina, muy entrenada, localizaba a las cervatillas que se escondían las cojeras: desamores sañudos, preñaduras traidoras, novios descatalogados, madres tosiendo sangre y sesos echados a perder por tantas novelerías y radios. Se escribía en la memoria las señas de la presa para cuando llegasen esas tardes otoñales que llueve como orina la tristeza, porque la puntería de las celestinas no tiene otro misterio que disparar a su hora madura. Mientras tanto, una vela a Satanás y otra al diablo.








Sam Cahir

1 Comentario:

P MPilaR dijo...

y con la tercera vela, la de repón, ¿qué, qué hacemos?

no sé si al diablo le hará pizca gracia. a dios, pues eso, que tampoco


in die illa tremenda)

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