No nos permitirán ser felices, dejaríamos de consumir

En tierno acurruco duermen arañas en el cielo de su boca, áspera de fantaseos a contrapelo, recóndito ventorrillo en el 174, 2º 1ª, Avd. Lisboa. Qué exacto la definía una dirección. No llora porque se lo prohíbe el Cosmopolitan tendencias de verano, porque las ojeras desentonan con el estilismo del logo del Especial K, y porque ofrecería la impresión de no haberse alzado con la victoria. Sin embargo, las triunfales lágrimas, sus taciturnas y victoriosas lágrimas, embarran los ganchudos sacos de tierra de Transilvania que le pendulean kilos amarrados a los pezones.

Gota a gota.

Paso a paso.

Chirrían precipitados sigilos las calles y ella participa en la dentera apretando el ritmo: prisa, otra indumentaria de marca. Saluda escaso, musitando, y en las tundras de su oficina se permite la primera sonrisa del día, asqueada por lo cojonudamente que entiende a los capullos que le rodean despachos.

Extravió los domingos el lunes de calores fríos y ahora no digiere lo aprobado antaño por unanimidad. De repente, desconocida. Cachea la agenda tras salvavidas de llavero —citas, responsabilidades, agitación— consciente al fin de que sus errores son un modo de ir atinando poquito a poco. Y que los errores de los demás lo son por mucho que acierten.

El teléfono. Gracias al cielo el desagüe succiona.








Delphine Schacher

2 Comentarios:

P MPilaR dijo...

En esas andemos, desaguando borbotones de felicidad
mientras catervas de sabuesos
se rascan la pantorrilla.
-percentil bajo-

Besos

P MPilaR dijo...

En esas andemos, desaguando borbotones de felicidad
mientras catervas de sabuesos
se rascan la pantorrilla.
-percentil bajo-

Besos

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