Consultorio radiofónico del licenciado César Poco (VII)

Mi muy admirado señor César Poco:

procuraré no irme por las ramas, pero el embrollo que deteriora la convivencia de mi familia demanda para su cabal asimilación un pormenorizado desglose. A ello me pongo.

Nuestro tío abuelo ubica el ombligo del mundo en Salamanca. Se toque el tema de conversación que se toque allá que arrima el ascua a su sardina y saca a colación los descollantes esplendores charros. «¿Los poetas?, los poetas de Salamanca no conocen parangón, sientan cátedra en cada verso y su prestigio literario se desparrama por los cuatro redondeles del orbe, que tú contactas con un aborigen del Orinoco más amazónico, falto de trato con la cultura occidental, y le espetas un verso salmantino, así, a las bravas, y la criatura no puede que menos que exteriorizar su admiración prolongando un sobrecogido ¡oooh! Pero, cuidado, no se confunda usted, que pese a estos bien merecidos laureles no hay constancia de rapsoda salmantino ufano, presuntuoso y cacareador, puesto que el poeta que Salamanca alumbra también se significa por una modestia y un espulgarse méritos cuasi, cuasi proverbiales». «¿Y los físicos de partículas salmantinos? ¡Qué contar de los físicos cuánticos de Salamanca que ya no consienten en que se les postule para el Nobel de Física por ser este un galardón corriente que más tizna el currículo que lo lustra! De ahí que las universidades de los USA peregrinen por los jardines de infancia charros con objeto de becar a cualquier infante que manifieste una temprana predilección por la vertiente científica, pues el más cateto de los físicos salmantinos en dos tardes te construye un gran Colisionador de Hadrones con las viejas tuberías que amontonan polvo en el garaje».

En fin, como usted comprenderá, señor César, estamos de Salamanca, lo salmantino, su universidad, la Plaza Mayor, la Casa de las Conchas, el Convento de San Esteban y de Don Miguel de Unamuno hasta las mismísimas colgaderas. Y a dos o tres sobrinos, a través de una web del Ministerio, se nos ocurrió, por echar unas bromas y fomentar la risa y armonía familiar, empadronar a nuestro tío abuelo en Ávila. Obviamente sin su consentimiento. Pues bien, señor César, le ha sentado como un tiro en el estómago. Ignoramos la causa, pero de igual forma que Salamanca le hace tilín, Ávila le hace tolón. Nosotros no estábamos al corriente de la profunda animadversión que nuestro tío abuelo incubaba contra lo abulense y pongo el acento en que no actuamos con premeditación: de haber sabido esa escondida inquina jamás le habríamos gastado la jugarreta.

Nuestro tío abuelo lleva tres días encerrado en el baño, gritando «¡abulense no, abulense no! ¡Por Dios, abulense no!», desestimando nuestras súplicas de perdón y advertencias de que se trata de una broma reversible, que de igual manera que se acostó salmantino y se levantó abulense, esta misma noche se acuesta abulense y se despierta salmantino hasta la rabadilla, pero, por favor, abandone el baño y tómese su medicación. No nos cree. Argumenta entre hipadas que el baldón en la honra ya está y no hay detergentes para tales máculas, que a cualquier persona de bien le basta un vistazo a un convecino para desvelar su pertenencia a Ávila, que él mismo, antes de esta calamidad, gastaba una retina felina para detectar lo abulense, envidia del Hogar de la Ancianidad, y que ahora con qué desfachatez iba a sumarse a los escarnios de sus camaradas jubilados contra Ávila cuando él es, o era, o fue, o había sido abulense.

Señor César, apelamos a su infinita comprensión de la sustancia humana y sus malas sombras: ¿de qué manera podríamos desfacer el entuerto al que nuestra inopia y torpe cabeza nos ha conducido? ¿Guarda usted noticia de alguna gesta acometida por naturales de Ávila con vistas a que nuestro tío abuelo asimile que esas breves horas abulenses no fueron un huero existir y que, una vez reinscrito en Salamanca, habría vuelto algo mejor de lo que se fue?

Cualquier enmienda será recibida como maná.
Aunque de Salamanca, nuestro tío abuelo es familia y se le quiere.
Un cordial abrazo.
Curro34@123








Matt Hoyle

1 Comentario:

P MPilaR dijo...

*ganicas de enredar, estas manías y venga manías del tío abuelo*

De sal//a //manca, un paso corto y medio a la ciudad de tantas Santas como murallas.

quietos ahí, firmes e derechos. El César os dirá a todo que Amen.
[Como cuando la borrachera esa de las in//vestiduras]

bss

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