La ventana indiscreta

Tienes
ojillos de ángel.

Miras
como deberían mirar los ángeles.

Sin embargo,
vives en la calle Borbón,
número 11;
cada mañana te despierta Catalunya Radio,
practicas pilates rayada de Nikes
en tu balcón estelado,
desayunas especial K,
agarras tus libros de periodismo
forrados con eslóganes podemitas
y sales escopeteada en tu bici verde
sin recoger los tangas rojos del tendedero.

Qué bien te resbala la vulgaridad.

¿De verdad,
que no eres un ángel?








Flávio Damm 

Enlarge your pennis

El agosto pasado se me fue Adela.
En este día del profesor quiero dedicarle dos textos antiguos.
Por acompañarme toda una vida. Por fusilada valiente.

«Tanto monta, monta tanto el Wyoming como Losantos»
Adela C.

Un mal profesor de literatura nos dura toda la vida

Estaba solemne. El pescuezo derecho como podenco encaramado a cátedra, los oídos estirados a las cuatro direcciones, el ojo fino y las uñas higiénicas y fronterizas: engalanado de postura. ¿En qué queda un hombre que no se ahonda la vigilante postura?, decía. Convidaba a los mozos a viento fullero y peleón y les romanzaba plegarias para espantarse el discurrir. Reía con horario, tarifa y picaporte, y se tenía en pie como los fusilados cobardes, los que codician haber ganado la guerra.


Un buen profesor de literatura nos acompaña toda la vida

La sonrisa barata, jilguera y colorina, los zapatos remendados, la pernera revuelta y el sudor sin componer mapas en sus sobaqueras. Su novia le dijo que sí y casaron rápido —porque la vida es asunto de un rato— y mientras unas calenturas se la estaban llevando le dejó este mandado: «atiende, te quiero siempre barato, jilguero y colorín, si no rabio en la tumba». Ya de viejo se sentaba a la fresca del Casino y repartía a los chicuelos silbos, soniquetes y coplas que embobaban y ponían tiernas a las mozas. Con las primeras anochecidas ajilaba a casa. Liaba tabaco para entretenerse el transitar y se tenía en pie como los fusilados valientes, los que se saben fusilados gane quien gane la guerra.








NANCY FOUTS

Cuánto frío hace solo, o viceversa

Antes estabas donde estabas;
ahora te veo
en cualquier sitio.
No marchaste,
te has multiplicado
en la tabla de la ausencia.








Lucia Eggenhoffer

Una historia simple

Yo quería un beso de Marilú.
No por Marilú,
que era linda,
sí,
y tenía pecas como estrellitas,
también,
sino porque antes se lo había dado a Peláez
y a mí Peláez me encendía,
me rabiaba los nervios

Eso lo supe después
con 20 o 25 años
porque entonces,
con 6,
yo solo quería un beso de Marilú.

A ella,
a Marilú,
le hizo tilín mi hablar flojito de cosa lejana,
mis rodillas sucias
y mi mirarla mucho,
pero detrás,
lo que había,
era el coraje de que Peláez
se hubiera conformado con un beso
y no le hubiera pedido ninguno más.

Eso lo supo después,
con 20 ó 25 años,
porque entonces,
con 6,
tan solo se apiadó de mis mocos tristes.

A Peláez le gustaba rascarse la bragueta,
los pedos cuando estornudas,
pegar la oreja a raíles,
chupar alambres,
gritar bajo el agua,
quemar ratas y el pan con aceite.

Antes y ahora.








Alex Landish

Oficina de Asesoramiento al Superhéroe (I)

—Una pregunta, ¿en esto se folla?
—En esto, como en todo, los hay que sí y los hay que no.
—A un vecino le salió un superpoder y no vea usted lo que cuenta.
—De los polvos relatados créase la mitad de la mitad. ¿Bondadoso o malvado?
—¿Mi vecino?, un capullo con todo su abecedario al completo.
—Usted.
—Ah… ¿Me define bondad y maldad?
—¿Le parezco un diccionario?
—Inescrutables son los caminos de la lexicografía.
—(Repite una retahíla de formulario con retintín cansino) ¿Aspira a la dominación del planeta para extender la paz, la hermandad entre razas y el empoderamiento de los más desfavorecidos o por el contrario ambiciona la conquista de la Tierra para su particular y exclusivo beneficio?
—¿Existe diferencia significativa entre esos dos postulados?
—No me sea toca huevos que no tengo la mañana soleada.
—La mayor parte del tiempo me muevo entre lo regular.
—No sirve. ¿Posee cuñados?
—Qué remedio.
—¿Y les rompería la crisma o se tomaría una cerveza con ellos?
—Les rompería la crisma.
—¿Inclinaciones malévolas entonces?
—No está en mi ánimo socavar su autoridad en lo que respecta al enjuiciamiento de la ética superheroica, pero partirle la crisma a un cuñado no implica grado alguno de maldad. En mi humilde entender.
—No le pida sobreesfuerzos a su humilde entender; los cuñados son tan humanos como usted o yo. Si les pinchan, ¿acaso no sangran? Si les hacen cosquillas, ¿acaso no ríen? Si los envenenan, ¿acaso no mueren?
—Llevado a esos extremos.
—¿Lo englobo, pues, entre los malvados?
—¿Se folla más que en la cuadrilla bondadosa?
—Se lo repito, que folle o no depende de usted, no de la facción que escoja.
—Pero habrá datos estadísticas que inclinen la balanza para uno u otro costado.
—¿Se piensa que mis responsabilidades laborales se centran en averiguar los kikis que se trajina tal o cual personaje?
—Comprendo que no, pero apelo al buen discernimiento del que hizo gala con el tema cuñado: cuando un superhéroe viene a tramitar documentos, la expresión «este tío está bien follado» a quién se la adjudica con mayor frecuencia, ¿a los bondadosos a los malvados?
—Y dale.
—Porque se impone escoger partido, ¿verdad? La indeterminación a fin de pescar en ambas orillas no estaría contemplada.
—Lo noto muy desesperado.
—Huy, de desesperación en desesperación hasta la castidad final.
—Desde la Oficina de Asesoramiento al Superhéroe recomendamos encarecidamente la adhesión a un bando. Esto es España. Como no se empadrone en una trinchera se arriesga a recibir de las dos.
—Joder con España. ¿Y si me nacionalizara, no sé, francés?
—Ni en Francia ni en ningún otro país perteneciente a la Unión Europea, está recogido el estatuto de neutralidad para sus superhéroes.
—¿Ni en Suiza?
—En Suiza se curan en salud y despeñan por un barraco a los recién nacidos que manifiestan alguna clase de superpoder. Mire, lo vamos a emplazar en un periodo de preregistro. Dispondrá de dos meses para decantarse por el Bien o el Mal. Acometa actos desinteresados o perpetre infamias, obedezca a sus instintos y en función de los datos que me aporte en su próxima visita cerramos la ficha. ¿Le parece?
—Me parece.
—Detálleme su superpoder.
—Cuando pronuncio la palabra alusiva a ese vehículo que acarrea hormigón a los edificios en obras me teletransporto a Baracaldo.
—¿Hormigonera?
—Exacto. No la repito por no gastarme otro dineral en taxis. Conservo los recibos de las otras cuatro ocasiones en las que me vi en Baracaldo de sopetón. ¿Cree que aquí me abonarán los gastos de desplazamiento?
—Lo dudo.
—¿Andan igual de caninos los del Bien como los del Mal? Lo digo por decantarme ya.
—Igual de caninos.
—Cojonudo. En otro orden de cosas, ¿para qué me servirá esta circunstancia en las quisicosas con las que se desayunan cotidianamente los superhéroes?
—Lo ignoro. Quizá el bando que le reclute instale una base secreta en Baracaldo para así ahorrarse unos euros en dietas. Además, puede que otras locuciones o expresiones amplíen su abanico de destinos. ¿No ha notado sacudidas «preteletransportaciones» al articular ciertos prefijos o sufijos?
—Le confieso que cuando hablo no soy muy dado a los prefijos o sufijos. Yo con las palabras ya me arreglo. Y no, solo inicio la desmaterialización al pronunciar hormigonera…

¡Pum!








Pøbel

Paisajes y paisanajes

Paisajes y paisanajes