Consultorio Radiofónico del Licenciado César Poco (IX)

Señor Poco:

mi vecino no se mata cuando lo arrojo por la ventana. El tío es un espíderman que se agarra a cualquier saliente o baranda y frena la caída. Lo he intentado todo. Desde engrasarle las manos a vendarle los ojos. Con el impedimento añadido de que tras tantas infructuosas tentativas anda resabiado y los procedimientos que en el pasado empleaba para asomarlo a la ventana —la idílica puesta de sol, la vecinita, un ovni, te invito a una fanta— ya no obtienen resultado. Tuerce el gesto, recula y no se me arrima.

No me cae mal mi vecino, pero para cojones los míos. Licenciado César, ¿cómo me sugiere afrontar semejante reto existencial y clausurar de una vez por todas este capítulo de mi vida?

Un sincero abrazo.
Abelardo76








Juan Giraldo

Consultorio radiofónico del licenciado César Poco (VIII)

Señor licenciado César Poco:

le suelo comentar a mi novia, generalmente en el transcurso de la cena, que su madre luce unos pechos firmes y no aparenta la edad que tiene. Mi novia se encapota y rabia callada, pero al rato me lleva a la habitación por la oreja y me folla como una salvaje. Qué barbaridad. Pongo en su conocimiento que no me siento atraído de ninguna manera por mi suegra y que, con total franqueza, la incluiría en el segmento de población femenina que envejece fatal.

Acudo a usted hecho un mar de dudas, ¿peligra la relación con mi novia si insisto en esta estratagema?, ¿cuántas veces al mes, según su criterio, podría hacer uso de ella sin que nos repercuta negativamente?, ¿debería desear intimar menos con mi novia y ceñirme al modo habitual?

Amo a mi novia, pero no sé si podría retornar al modo habitual.
Atentamente F.








¿?

El mundo explicado: astronauta

Astronauta. El astronauta requiere poca cosa, respirar muy de higos a brevas y alguna idea sobre motores. Al candidato, una vez cogido aliento, se le suelta al espacio y de no poner muy mala cara mientras flota es que sirve (1). Después se le viste con casco —que digan lo que digan el hábito hace al monje—, se le enseña su poquito de matemáticas, su poquito de inglés, a comer de lata, a mear en botellín —con embudo para ellas—, a no hacerse muchas pajas porque allá arriba encoge el seso, y el siguiente. También ayuda tener buen convivir y roce agradable (...).

Los mejores astronautas son los de Baracaldo. Por lo mucho que aguantan sin respirar. Si se les pone en los cojones pueden alcanzar hasta los dos meses largos (2). Los americanos también son canela fina. Y mejor hablados que los de Baracaldo.

De astronautas, y como en todo, hay de dos corrales; los que quieren serlo y los que no tuvieron otra escapatoria. Los primeros destacan por la positiva disposición de ánimo se les mande lo que se les mande, y los segundos por lo respondones y las permanentes ganas de tocar lo que no se inventó para sonar. Se aconseja encarecidamente que de tratar con astronautas baracaldeses se encuadren en la primera división.

No está feo ni mal visto ser astronauta. Quitando cuando se nos cagan en el portal. Pero como ya habrán adivinado ese puntazo gamberro y marrano viene más de la mala cabeza del sujeto que del oficio en sí, que igual se le podían haber cruzado los cables a un notario de Logroño con toda la buena fama que arrastran estos.

Astronautas famosos: Valentina Tereshkova, Neil Armstrong, Yuri Gagarin y Matías Poveda.



(1) de toser mucho y amoratarse el rostro se le traslada a oficinas, que buenos caldos se han hecho hasta de la carne de pescuezo.

(2) como lo atestigua el incidente protagonizado por Matías Poveda, que en enero del 2008, por un traspapelarse alguna orden o disposición, se lo dejaron olvidado 77 días en el cosmos, y cuando caídos en la cuenta regresaron a por él, allí seguía. Encabronado y vivo. «Organicen un sorteo o pidan voluntarios, pero como ustedes comprenderán yo no doy portazo a este asunto sin antes partirle los hocicos a alguien».








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El conquense obligado

Maica Boiro Torroba. Editorial Kafkita. Género: fantasía, sobrenatural. 500 páginas.

Estanislao Feyto, veterinario en una aislada población rural, una noche tenebrosa, de regreso a casa tras haber asistido al parto de una vaca, es atacado y mordido por un natural de Cuenca. A raíz de ese incidente, cada luna llena, Estanislao se transformará en cuenco.

¿Otra insustancial incursión juvenil en el mito del hombre cuenco? Apreciación tan precipitada como errónea. Quien se adentre en la lectura de esta novela en busca de profusión de vísceras gratuitas, brutalidad desenfrenada, cuerpos mocetones y sexo de postal parisina, se sentirá defraudado. Maica Boiro aborda el mito del hombre cuenco alejada del tono comercial que las actuales tendencias imponen y se decanta por un perspectiva existencial que le permite incursionar con pulso maduro en las penurias cotidianas de un personaje maldito que cuando no lo confunden con un comedero de patos lo usan de improvisado orinal.

Según la Revista de Fantasía la «Luna medio llena o luna medio vacía»: «desde que Gandía Pereda, allá por los inicios del siglo XX, creara el hombre cuenco que tanto ha dado a la literatura nacional, no se había vuelto a penetrar en el mito con un acierto tan pleno y maduro».

Esta novela ha sido galardonada con el segundo premio en el XV certamen de literatura «Cuánto Fantástico» patrocinado por las Concejalía de Cultura de la Villa de Malcuernilla del Álamo Alto.








Farouq Samnani

LO BREVE SI BREVE DOS VECES ABREVIADO (XI)

Amor eterno
Juró jurarte mucho.
Prometió prometerte siempre.




Latifundios
Por mucho que madruguen mis jornaleros no amanece más temprano.




Domingo de aguas
Se pasmó con la lluvia y resignada
maldijo entre dientes otro domingo de aguas.




Qué mal la lleva
Ya no hay rosa que bien llevar.
La pantalla nos alejó la distancia.
Imitamos lo que apenas somos.





Huye para escapar
Tú no piensas; tú estás a favor y en contra de algo.




Ruinas dichas
Revivió una conversación antigua
y supo lo que aquellas palabras callaron
hasta hoy.




Cada sitio en su cosa
Los relojes no miden el tiempo.
Lo cubren con sábanas.
Vierten pintura sobre el hombre invisible.




Homo caducidad
De la vida que no aleccione el eterno.




Sueña un sueño
Tañen los campos de Soria.
Balan las campanas.
Arraiga el viento.
Algodonean los rebaños.
Y el olmo, viejo olmo, sueña un sueño.




Soledad: eres un nombre tan bello entre la gente.




Ningún queso huele como el queso de la ratonera
Saber vivir es, en definitiva, saberse matar.




El origen nos persigue.
Se quedó con nuestro careto.
Sabe la calle dónde vivimos, el bareto en el que olvidamos.
Nos encuentra sin esfuerzo.




Ombligo
Sumidero de lenguas.




Perfeccionista
Cagaba en borrador.




El fantasma que ríe
El niño se agazapó tras la lápida. Esta vez no lo descubrirían.




Los cabos sueltos corren por nuestra cuenta.
Se cernía sobre ellos la felicidad.




Como un niño
que tocara un cadáver
y no supiera nombrar la podredumbre que depositó el bosque,
y solo le adjudicara un olor
y carcajeara
—de tanta peste, como cuando el abuelo se tiró aquel cuesco revenido de viejo
y la abuela lo llamó cochino—
santo.








Kostas Kapsianis

Paisajes y paisanajes

Paisajes y paisanajes