9/24/2019

Donde el mar no digas

Lo sabe

Un cuerpo sabe lo que dice.
Deja huella, por ejemplo, en la playa
cuando dice huella. Donde otros,
al calor de una hoguera, necesitan
permanecer hablados, el cuerpo,
que lo sabe, se aleja, despacio,
cuando sube la marea.



Hazme una huella

Te amé donde no aman,
donde la carne se fragua idioma
y, por tanto, obra y calla.



Sirena

Era sola.
Aún anda en sus huellas su peso esculpido.
Quiso un idioma exacto.
Y calló como cantan las sirenas.
Luego vino el mar.
Y adoró un rastro.



Escojamos lo breve porque ¿qué eternidad va a construir algo?

No esgrimas el tiempo perdido.
Todo lo que no nos amamos le valió al amor.
Cimiento para que hoy atardezca
y tu piel sea sal.








9/01/2019

Al pasar la barca me dijo el barquero

Soy lo que parezco:
niña.

Sin embargo,
créeme,
no estoy peleada con la realidad.

          Ni me cansa.
          Ni me asusta.

Y aunque no cabe posibilidad alguna de que intimemos
nos saludamos con cortesía
cuando coincidimos en el ascensor.

Por eso te pido
que no te impongas la obligación moral de mentirme.

          No es necesario.

          Por favor,
          amor,
          no es necesario.

Con cada mentira tuya
crezco.








8/17/2019

La piedra Rosita

Tu familia es jeroglífico.
Incomprensible y queriendo decirme algo.
Como siempre la periferia del momento me atrae.
Me curro un mai en los lavabos.
No tarda en sumarse el Quim.
«No te imaginaba tan enrollado».
Regreso al patio.
Te sonrío la calderilla de los domingos en familia.
Críos a la carrera y desconocidos afables.
Apenas recuerdo 3 nombres.
Me conoces como si me hubieras parido.
Me dices «ven» y me enseñas tu habitación de cría.
También las tetas.
Uno rápido sobre tu camita mientras me chivas a la oreja que allí,
por primera vez,
te salivaste los dedos.
Regresamos al patio.
El Quim nos pilla de camino.
Que le peguemos un toque si hay fiesta.
Más correteos indultados.
Más cortesía hormonada.
Creo recordar un cuarto nombre.