¿Qué no es epitafio?

Como a los que se dicen amantes
y se huellan a poniente
a mí la vida también me ha ocurrido.
A mi manera he poseído la hospitalidad del fregadero copado.
Y la luz ámbar del recién nacido.
La prosa pelleja que versifica el deseo.
Y tu pelo nombrado en mis manos.
A mi manera repetí la circunstancia milenaria.
A mi manera fui indistinto.








Boogie

Estrés paternal

«Una familia, unos damnificados»

—Pero ¿usted es el padre de esta adorable criatura, no?
—De aquella manera, doctor.
—¿De cuál manera?
—Póngase en mi circunstancia: su esposa ha sido anunciada por un ente angelical y a consecuencia de ello gesta al hijo de Dios. Ahora catalogue su grado de parentesco…
—Yo pertenezco a la Decimoquinta Congregación del Budismo Luterano, prefiero no involucrarme.
—Nunca diga que estas aguas no le ahogarán. ¿O quizá insinúa que sus esposas no padecen anunciaciones? Expláyese, se lo ruego.
—Don José, no desvíe el tema.
—¿Por?
—Porque ha nacido el nuevo Dios y lo sostengo en brazos.
—Pero usted profesa otra doctrina religiosa.
—¿Y qué? Eso no es óbice para que respete escrupulosamente el resto de credos y sus coreografías sacras. Además, por mi corral puede que escaseen las anunciaciones, pero en cuanto a cornamentas empatamos con el que más.
—No me compare, doctor, por favor. Una cosa es que te empitone el vecino del quinto, por mucho que el tipo te repatee el bajo vientre, y otra muy distinta que te calce el yelmo vikingo tu deidad suprema esgrimiendo la treta legal de una anunciación y el formulario BC/45 relativo a purísimas concepciones.
—Hombre, visto así…
—Lo que yo le diga. «Purísima concepción», ¿eh?, que no estamos refiriendo un frotarse los meaderos vulgar y corriente, no señor, aludimos a una preñadura casta, limpia y apta para todos los públicos, vamos, como si los muñecos de Barrio Sésamo me filmaran una película porno o la factoría Disney financiara un proyecto sadomaso. ¡Me cachis en la mar salada! Y todo esta martingala fullera encaminada a lo mismo: a que los miuras transijamos sin rechiste ni alboroto y no nos subamos por las paredes. Cornudos sí, pero a través de una «inmaculada concepción» a prueba de algodones y a cargo del señorito del cortijo. Porque esa es otra, tratándose de quien se trata, a ver quién es el guapo que le moja la barba o al menos le demanda qué entiende Él por «concepción pura»: ¿se la trajinó encarnándose en un cipote ario al 100%?, ¿o mediante un dron celestial que manipulaba a cientos de kilómetros?, ¿angelitos mamporreros introdujeron el Altísimo glande y aletearon cual colibrís para favorecer el vaivén amatorio?, ¿eyaculó un arco iris o tal vez un manantial de colonia Nenuco…?
—Compruebo que lo lleva mal.
—Fatal. Al principio no, le soy franco. El confesor espiritual que me adjudicaron me persuadió de que con el mito de los cuernos «transitamos por una noción meramente metafórica que no se sustancia ni pesa». Pero al caer la noche, a solas conmigo mismo, cuando la cabeza se me ponía a pensar por su cuenta, me chirriaba la dentadura de tanto morderla. Hasta que a la tercera sesión de apoyo psicológico le metí a mi confesor la noción metafórica y su aparejada insustancialidad por donde usted se calcula.
—No sabe cuánto lo siento. Sostiene a su hijo, que he de seguir visitando parturientas.
—Permítame que mantenga las distancias.
—Don José, por favor…
—Podría cogerle mal apego.
—Es Dios, le hará entrar en razón. O en fe. Y consuélese al menos pensando que su retoño no viene con un pan bajo el brazo, este trae consigo una pantagruélica eternidad.
—¿Similar en tamaño a mis alabardas?
—Don José, debo visitar a 10 parturientas, ande, agarre a su hijo.
—En resumidas cuentas, que cada cual aguante su cirio.
—Don José…
—Estrés paternal.
—¿Cómo?
—Diagnostíqueme estrés paternal y recéteme unas pastillejas a fin de sobrellevar el tonelaje cornúpeta de mi existencia mediante un amplio surtido de colocones y risoteos.
—Cómo le voy a diagnosticar estrés paternal si no ha transcurrido ni media hora desde que este crío ha asomado al mundo.
—Pero es el hijo de Dios. Media hora con él convalida cuarenta años con otro concebido «maculadamente».
—Que no, don José, no me sea pamplinero.
—Ay la ciencia médica, curar curará, pero nada entiende de sufrimientos.
—Don José…
—O pastillas o abjuro de la criatura.








Lewis Wickes Hine

Crucifijo

Cualquier trasto con unos ojos pintados
—un tubérculo, una tostadora, la fe, Podemos—
parece que te mira.








Andrew Savulich

Lo que una consigna puede hacer por usted: véngame pensado de casa

El conflicto se soluciona con otro conflicto.
Subamos la apuesta.
Refinanciemos nuestras dudas con vistas a dormir del tirón.
Incrementemos el marco crediticio.
Todo sea por sobrevivir como especie.
Odiemos, odiemos y odiemos convencidos de que es amor.

***     ***     ***

Si quieres la paz prepárate para encontrar una justificación moral con la que hostiar a tu adversario.
Lo demás rueda pendiente abajo.
Tuit en popa y a toda vela.

***     ***     ***

La jauría husmea una causa que mate inofensivamente.
Deshumanizan lo salvaje porque se avergüenzan del tufo que impregna su trastero.
Qué bobería. Nada ilustra mejor lo humano que machacar el cráneo del vecino
y mandar a tu hijo a que se cepille los dientes,
controlarle la ingesta de grasas, el historial web,
y regresar al quinto piso a mearse sobre los sesos sanguinolentos.

***     ***     ***

Quieren una razón que domestique sus conciencias.
Pero la razón exige un alma.
Cuando buscas la verdad hallas la imperiosa necesidad de mentir.
Finiquitar el pensamiento con la finura de una ley física hace milenios desentrañada.
Nuestra y amable.
En definitiva, adoremos al enemigo.
Entreguémosle a nuestros vástagos en sacrificio.
Y que amanezca otro horizonte primaveral que salvar.
Donde no arribe nuestro odio, llegará nuestra ladrada esperanza.

***     ***     ***

Odien con precisión histórica.
Y no teman.
Cada cual ficciona la Historia según la línea editorial que le dieron a esnifar.
(¿Quién denomina «Apocalipsis» al Big Bang? Y a fin de cuentas moramos sus esparcidos escombros).
Hemos hecho de Auschwitz un parque temático.
Y más pronto que tarde Walt Disney lo adquirirá.
Pero recuerden, manténganse siempre alerta: que solo les duela su dolor.
No compliquen la simplificación; lo que existe es porque funciona.
Y nunca reprochen la pésima depilación al consejo de administración neandertaliense.
Tomen asiento y vayan consultando la selecta carta
—disponen de la LFP al completo,
¿dioses?, todos, ¿patrias?, por hacer o hechas,
¿espectro político?, ¿causas justas?, ¿futuros a diseñar?,
los que gusten—
pronto un camarero les atenderá.








Pejac

Procure no involucrarme en su perspectiva vital

—¿Qué ve aquí?
—A usted sosteniendo una lámina decorada con un manchurrón que se parece a usted sosteniendo una lámina decorada con un manchurrón que se parece a usted sosteniendo una lámina decorada con un manchurrón que se parece a usted sosteniendo...








Textos del CdC bien peinados

Paisajes y paisanajes

Paisajes y paisanajes