Ploro perquè sàpigues que mai em rendiré

No te confundas.
No alimentes falsas esperanzas.
No des por hecho tu trabajo.
Ni te sientas realizado.
No alces las campanas al vuelo.
No cantes victoria.
No leas en mis lágrimas lo que tú quieres leer.

Mis lágrimas las escribo yo.

Y lloro
para que sepas
que nunca me rendiré.








Empezar el tejado por la casa

Vosotras amáis el amor
―no por repetido deja de ser verdad—;
nosotros amamos que nos améis;
—no por conocido deja de ser verdad—.
Estamos, pues, condenados a construirnos en la divergencia.








Fawwaz Sukri

Mares de dudas

«Dudo, luego insisto»

Le pregunto a mi coño sobre ti.
Si aventura con qué pie te acuestas
o la caligrafía —rabina, callejera, infantiloide—
de los arañazos que hablan tu espalda.
Si bailas feo
o cuando te afeitas meditas versos sobre muslos o pechugas.
¿Habrás aprendido a nombrar el número?
Y cuando fumas
—porque fumas, en eso ninguna de las dos vacilamos—
¿vigilarás dónde depositas la ceniza
como cuidas dónde recordar
los besos que nos han consumido?
Y tu risa,
¿será como sonríen todos los hombre buenos,
imaginándose mujer?
Cuando orinas, ¿qué canturreas?
Cuando te atareas, ¿qué canturreas?
¿Bastará desabrocharse un botón para despejarte el malhumor?
¿Le pedirás que se vista despacio a la mujer que has amado?
¿Le pedirás que no se vista?
Una y otra vez.

Estamos hechas las dos
un certero mar de dudas.








Yulia Spiridonova

Padeces corazón. Te amas la pena

Padeces corazón.
Te amas la pena.








Alex Landish

El loco que apedrea al mar

«No pierdas el tiempo
como el loco que apedrea al mar».

Cuando el hastío campa cualquier cupón de la ONCE salva.
O el futurible rasca y gana del paquete de cereales.
¿De qué lloran las canciones del loco?,
—en sus ojos hay sangre que mira
y un hambre masticada en los parpadeos—;
debaten los que decoran interiorismos con sus aullidos.
¿De qué lloran las canciones del loco?
—padece un desgarro, salamanquesas lengüeteando el paladar,
y se alimenta de moscas escupiendo el idioma y la camisa de fuerza—;
debaten los que prologan sus libros de gastronomía
y profetizan a qué sabrá tanta ansia.

El manicomio se engalana de verbena.
Farolillos con los prospectos de la medicación.
Las tapias camaleonan grafitis pintureros.
Las ratas acunan rosas.
El güisqui se bendice.
La rabia muerde a sus propios dientes.
—Y a sus propios hijos—.
El tumefacto ojo casa bien con la despreciativa sonrisa.
Mañana sangrará el otro costado.
No hay por qué alarmarse, aquí ningún color arraiga
lo regulado para ser color.

Admiran al loco.
Lo envidian desde la orilla estival.
Palpan con profiláctica precaución su desencaje cotidiano.
Lo piensan postura.
Pavo real donde el anecdotario del Mercadona.
No comprenden,
jamás comprenderán,
los visitantes dominicales,
que los locos aman al mar
y tratan de mantenerlo alejado de los hombres.








Morgan Ashcom

Textos del CdC bien peinados


Y en LEKTU

Paisajes y paisanajes

Paisajes y paisanajes