Cuando conducimos

Cuando conducimos y no nos vienta, y los prados,
las veredas, no palmotean las ventanillas en modo limosna.
Y silueteamos con las cuencas el tartamudo columpio,
la voluntad petrificada de la muda de serpiente,
el cansino tal vez de la mecedora,
las costras rodilleras del niño que no juega por observador.
Cuando conducimos y las líneas discontinuas
nos mantienen pensantes al creerlas pálpitos.
Y el motor mecanografía angosturas de féretro.
Y nos es ungido el pellejo de los desvanes.
Y despegamos de nuestras huellas. Quietamente.
Cuando conducimos y nos zambullimos en el ocaso
que huye de horizonte en horizonte,
cuando el viaje que nos trajo, ya nos lleva, y transparentamos,
de tan no, transparentamos... Oh, dios mío,
¿qué serán los que se quedan cuando conducimos?








2 Comentarios:

jonhan dijo...

Joder, Antero! Vale, despacio.

P MPilaR dijo...

pues horror. no se me ocurre más que horror
y no digo otra cosa

ni aun silueteada

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