De la metafísica también se sale

de William Oliveros Rever. Editorial Pensamentado. Género: medicina, autoayuda. 456 páginas.

«Todos los que han caído en la metafísica quieren salir. Todos. Que sepan cómo es otra cuestión». El comentario de un paciente persuadió al doctor en psiquiatría William Oliveros para recopilar las experiencias profesionales acumuladas a lo largo de 25 años brindando sostén y guía a metafísicos en sus contiendas por rehabilitarse.

En el propósito de esta obra no se halla el reprobar moralmente a aquellos espíritus humanos que, desde Parménides, Aristóteles, San Agustín, Descartes, Heidegger, entre otros tantos, se han sumido en un proyecto de comprensión del mundo, con vocación de universalidad, que se pregunte por el ser y el porqué de las cosas, sino el traer a debate público la larvada presencia entre nosotros de esa rama de la filosofía quizá constitutiva del pensamiento filosófico como tal.

La metafísica, merced al mirar ciego de las administraciones públicas, sigue siendo el presupuesto insuperable de todo pensar, en la medida en la que es a ella a la que le incumbe. Y nos acecha. En nuestras familias. A las puertas de nuestros colegios, gimnasios, mercados. Parasita en el éxito y también en el fracaso.

El libro se completa con numerosos testimonios de pacientes del doctor William hoy felizmente rehabilitados e integrados en la sociedad.

«Las malas compañías me llevaron al aristotelismo. Al principio solo los fines de semana, luego fue un constante devanarme los sesos sobre el objeto fundamental de estudio metafísico: tanto el ser de las cosas como el porqué de las cosas que vienen siendo».

«A mí el No Ser me devastó. Fueron años terribles. E irrecuperables».

«Durante 10 años la escuela de Éfeso estuvo entrando y saliendo de mi vida. La realidad como algo esencialmente móvil y fluyente, en devenir, y el no bañarnos jamás en el mismo río, dio al traste con mi matrimonio y la relación con mis dos hijas».

«Lo que me atormenta no es el daño que Zenón de Elea, la escuela eleática y su racionalismo epistemológico dando más trascendencia a la argumentación abstracta que a los testimonios de los sentidos ha infligido a mi persona; sino el dolor que yo sin ser consciente estaba provocando en mis seres amados».

«Era un no parar, del Circulo Pitagórico Antiguo pasaba al Círculo Pitagórico Nuevo, o a los pluralistas, Empédocles, Anaxágoras, Leucipo, Demócrito. Imposible el sacio. Mi contaminado organismo me pedía más y más. Y yo se lo daba».

«¿Lo más bestia que me he metido? En una mano Anaxágoras de Klazomenes, en la otra Averroes y los atomistas, y sobre la polla un intento de conciliación de la Patrística y la Escolástica con un neosofismo atemperado en la idea del bien universal (…) Pero por encima de todo: Santo Tomas de Aquino. Una mañana me desperté en un estercolero sin recordar cómo había llegado allí. Entonces me planteé: o San Tomás o yo».









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