9/20/2012

Sofía



Tosía para escupir los tres pulmones, inspiraba enronquecido por la napia, regurgitaba con fragor de gárgaras y esputaba un gargajo verdealquitranado con el detalle de apuntar al suelo. Apaciguados los volcanes del pecho, lamía el póster. Pero con la puntina de la lengua, ojo, que no se determinaba a enguarrarlo. Ese era el ritual matutino del cabrón de mi viejo.

Y no sostengo yo que no se mereciera la pava aquella devoción porque estaba que resucitaba momias. Me he pulido jamones de jabugo, veteados de grasa, con su aroma a gloria bendita, que me han desatado menos la hambre; sin despatarrarse o estrujar tetonas, y aun así a reventar de hembra que te invita, con sus treinta tacos traspuestos, toda ella fe encarnada, toda ella carne.

Pues le sumamos 15 años a estos prolegómenos y yo currando de mula de carga en el hotelaco Palace de los Madriles: «este bulto a la 78», «pídele un taxi a las putillas del bar», «limpia la vomitona del vestíbulo de la 93», «corre, chaval, quítate el uniforme y arrea a ligarle farlopa a la Sharon Stone o se cagará en La Rotonda». Y que una semana santa, bingo, se aloja en mi planta. Venía a grabar el «Sorpresa, sorpresa», aquel programa pachanguero de hace la hostia en televisión. «Tío, ¿a qué esperas?... Uf, luego, luego... Luego es tarde, cateto, no te jiñes que te he calado», así me rallo un par de días. A lo último me enchufo los tiritos que le birlé a la Sharon durante uno de sus avituallamientos, y con la excusa de devolverle unos abrigos de la tintorería, le entro. La escoltaban dos tías. Cero italianini yo, cero españolo ellas. Me afloja una foto firmada y se lo agradezco, pero que desearía otro favor, si no me subo demasiado a la parra, «verá, el cabrón de mi viejo, el mío papa, fan suyo, molto, moltissimo admiratore, il suo ritratto en la pared, ¿ok?, ritratto bellissimo con el cuello, ¿cómo se dice esto, el cuello?, ¿collo?, collo, eso, con el collo para mordere vampiri, así, inclinado, ¿ok?, y que al mattino, el cabrón de mi viejo, el mío papa, dare un lenguetazo, ¿cómo se dice lenguetazo?, con la lengua, con la lingua, ¿leccare?, ¿leccata?, así, una señora leccata al suo collo, ¿ok?, y, eso... ¿le molestaría que yo...?».

No falla, solo comprendes que te has pasado dos pueblos cuando estás saliendo del segundo. Fue concluir el macarrónico mitineo y renegar de mi estampa. So cagabandurrias, que la gente es como es, no como a uno le interesa que sea, y que esa pava rondaría sus sesenta castañas por lo bajo, ¿a quién se le ocurre proponerle semejante desatino? No por lo hiriente o lo imposible, sino porque a las tías viejunas que han sido guapas a rabiar no se les recuerda que han sido guapas a rabiar (la belleza comanda el ranking de las maldiciones: no se posee, se pierde gota a gota), y a pesar de haber empleado un tono de corderito y limado el canto de las palabras, joder, parecían cargas de profundidad que descuartizan el orgullo. Pero eso sí, que la culpa fue del chachachá y de la zorrona de la Sharon, por enviarte a por polvos de talco, porque tú, sin el tirito de perica, no te arrojas de cabeza a la piscina, vamos, con lo tragaderas que te fabricaron, si tu viejo te estuvo levantando la mano hasta con la barba espesa, y que la próxima noche que esa gringa despatarrada solicite la cena en la suite, te frotas la chorra contra el bistec. O la mojas en el zumo de naranja. ¿Que no? Vaya que sí. Por la leche que mamaste.

Y en esas estaba enfrascado conmigo cuando, lo juro, va la Sofía y se ríe. Se ríe como la mujer más bella, le encasquetes la edad que le encasquetes. Ancha, colega de sus carnes, de sus imperfecciones, galardones del haberse vivido. La vida no la aterrorizaba. Y cual paladín vencido, la vida rendía las armas y se postraba de hinojos a sus pies. Increíble. Qué risa. Píen lo que píen los puretas, reírse es otro follar. Pero a lo que íbamos, ladeó el cuello y

—Avanti, ragazzo, avanti.

Cuando se marchó del hotel el director se despidió de ella, lo habitual con las celebridades, y ante el estupor del pavo, va la Sofía y pregunta por mí. Flipante. Me convocan en el despacho del capitán general y allí me presento yo, más cobarde que persona, resignado a merendarme la ristra de cadáveres que ocultaba en la taquilla. Y ella, en cuanto que me ve, pasando del corbatas y su peloteo, me endiña dos besazos.

—Questo è per te e per tuo padre.

El finde siguiente libraba. Estaba fatal de pasta pero debía restregar esta historieta por la jeta de alguien. Tiro de autoestop y me planto en Barcelona. Desparrame, colocón del siglo y el domingo de resaca visita a la tumba del cabrón de mi viejo. Lo típico: escupitajo, meada a la lápida del nicho, un corte de mangas y

—¡Te jodes, hijo de la gran perra!




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6 Comentario:

chatnoir dijo...

fuuuaaa brutal!!!!

Besos.

Carolina Badia dijo...

pero como puedes ser un cabrón tan bueno escribiendo y que solo lo sepamos cuatro pelagatos de un blog.
Un beso inmenso
Aun lloro de risa y orgullo

David Mariné dijo...

ten por seguro Antero que he disfrutado muchísimo esta entrada, pero mucho. tanto como seguro que la disfrutaste tú escribiéndola.
un fuerte abrazo.

Carolina Badia dijo...

Pero que buena es, si señor!!! pero de categoria 5 estrellas!!

Sarco Lange dijo...

Antero, cuando te mueras iré a tu lápida y te mearé encima y hasta me haré una paja, pero será de amor, porque este texto me enamoró de ti. Te amo.

Jesús Alcalde dijo...

Qué bueno, Antero. Estás Anterísimo últimamente.