Sabe más la diabla por mal follada que por diabla

«Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia, señor juez»

Como era un satánico empadronado en el mismo Averno (me guardo para mí la barriada) pillaba unos pedos apocalípticos con dos chupitos de agua bendita. Y durante uno de estos viajes astrales, Javi el Jebi se dijo: tate, esta es la mía. Se atrajo a la causa a un seminarista costeándole una maratón de mamadas y empezó a pasar agua bendita entre los adeptos, grupies y fanáticos de su banda jebi canalla: Arriquitaun Mefistofélico.

Éxito a porrillo. Su mercancía flipaba al yonqui más gourmet. En dos años escasos, Paquito, el seminarista, pasó de bendecir cuatro botellas de La Casera por semana a hacerse callo en el sobaco de santiguar bidones en una fábrica abandonada donde curraban a destajo 15 simpapeles ―tras fagocitar el comunismo de la República Popular China este era el cromo que le faltaba al sistema capitalista: producción industrial de agua bendecida―. Y dado que el brebaje requería como condición previa para trasponer a Plutón que el Pedro Duque de turno abrazara la fe satánica, los seguidores de la banda Arriquitaun Mefistofélico aumentaban a calcado ritmo. En la “XXVI gala Acero Inoxidable” patrocinada por la revista “Heavy por un tubo” Javi y los suyos obtuvieron sin bajarse del autobús el premio a la revelación del año.

Las actividades mercantiles en las que se enfrascó Javi ―supongo que os descubro que la lluvia moja― no están sujetas a ningún tipo de legislación, copyright, registro de patentes, tribunales de la competencia o demandas por monopolio. Más bien suelen desarrollarse sobre una escenografía ruinosa y postapocalíptica donde todo el poder legislativo, judicial y ejecutivo —y cualquier otro fleco fáctico— lo acapara quien endiñe la hostia con mayor nivel de decibelios. ¿Que dos piltrafillas te copian el bisnes? Pues vas a su local y les tronchas las piernas. ¿Que una de las mafias serbias más chungas a este lado de occidente se presenta en tu destilería sacra con el propósito de plantearte una OPA hostil? Pues intentas negociar un porcentaje. En el caso que nos ocupa las fluidas y amables conversaciones se cerraron en un 30-70: el 70% de los beneficios para la recién elegida directiva serbia que copaba el nuevo comité de empresa y el restante 30% para Javi.

Javi se empasó la clavada porque de haber tensado las negociaciones o cedido acojonado el chiringo lo hubieran embutido a cachitos en uno de los bidones de ”water holy”. Primer mandato recogido en el Decálogo del Perpetuo Mafioso: los cabos sueltos para tu puta madre; si sabes de qué va la película perteneces al reparto de la misma y estás tan pringado como sus productores ejecutivos. O de lo contrario te eriges en un posible problema. Y a este respecto la segunda máxima que enumera el Decálogo del Perpetuo Mafioso es categórica: prohibido que un «pokemon posible problema» evolucione a «pokemon problema». A Javi, por tanto, le tocaba comprar vaselina, inclinar japonesmente la chepa, pronunciar en serbio «sí, bwana» e invertir ingentes horas extras en elaborar un mutis por el foro. Tarea entre quimérica e imposible si nos atenemos a los mandamientos primero y segundo del Decálogo del Perpetuo Mafioso. A menos que te llames Javier Parrado, seas el guitarrista solista de Arriquitaun Mefistofélico y acumules conocimientos sobre hábitats delictivos para que te contrate con carácter vitalicio el National Geographic Wild.

¿Y cómo se cocina eso de tangar a un organismo al que le pendulea un escroto jurásico y posee un pie jurásico que cuando menos te lo esperes te puede propinar un pisotón jurásico que iguale el impacto del meteorito que se fumó a los inquilinos del Jurásico? Poniendo en práctica una de las estrategias evolutivas homínidas más exitosas en lo relativo a servidumbres a caciques, caudillos, reyes, dictadores, magnates y directores generales de TV3: pareciendo tonto. Cuando observéis a un tonto revolotear indemne en torno a un Spinosaurus o Megalodón solo hay dos explicaciones: o es un imbécil inofensivo o es más listo que el gigantópodo.

Y envuelto en un halo de inocua tontez, Javi el Jebi comenzó diseñar su truco de escapismo bautizado para sus adentros como «si quiero llegar a los sesenta tengo que matarme antes». Fase previa, proponerle al boss una innovadora idea que expandiría el negocio: abrir una satánica destilería de agua bendita en mitad del Vaticano; por aquellos latifundios los costes de producción se reducirían y aumentaría la pureza del material con lo que se multiplicaría el margen de ganancias. En las cortes mafiosas la propuesta de desmesurados beneficios equivale a esas sustancias analgésicas segregadas por los peces rémoras, sanguijuelas y demás garrapatas que insensibilizan una zona del anfitrión y les permiten incrustar sus órganos adherentes. Ok, menos metáfora y más manteca: que la maniobra de distracción atenuaría el marcaje de los centrales serbios concediendo a Javi cierta libertad de movimientos clave para ir ubicando las piezas con las que interpretaría su «hasta luego Lucas».

Javi el Jebi capitaneó entusiasmado la estrategia expansionista ―paripé verídico de pies a cabeza, os recuerdo que solo la verdad engaña― y cuando sus jefes estaban a punto de cortar las cintas e inaugurar las nuevas instalaciones vaticanas, inspiró hondo y recibió al morlaco a porta gayola. Un cadáver comprado al peso, ciertos atrezos personales (cartera, ropa, extracciones de piezas dentales), un accidente en coche y un incendio del copón. Sin orillar varios meses camuflado en una pensión para yonquis mientras comprobaba que los boys scouts yugoslavos asistían a su funeral, daban por buena la versión de los hechos y no ponían la ciudad patas arriba meando magma volcánico. Entonces, y solo entonces, espaldas relucientes, tocaba pirarse con aquellos ahorros que Javi guardaba bajo el colchón, jamás de los jamases con el grueso de su blanqueada pasta bancaria que quedaba para el saqueo de las hordas balcánicas. Vivir sin estrechuras y poder contarlo: he ahí los dos máximos títulos continentales a los cuales aspira el lumpen delincuente.

¿Familia, pareja? Cero patatero. Paquito y componentes de la banda Arriquitaun Mefistofélico lloraron la muerte de Javi hasta con el ojo del culo. Claro que los amigos molan, y una piba que te ame, y un hijo que te haga babear, y una peña de aficionados a la Ponferradina FC con los que te has abierto una tarjeta cliente en el puticlub de Las Arenas, todas esas relaciones salan la vida, desde luego, pero cuando te juegues el pescuezo con unos tipos que engullen clavos y los cagan doblados, corta cualquier lazo y pide menú para uno. Y en el supuesto de que te salga el tiro por la culata al menos ten la gallardía de comerte la bala a solas.

Del resto del cuentecillo se encargan en primer lugar los mitómanos adeptos a Arriquitaun Mefistofélico. Seseras conspiranoicas que, aún hoy, sostienen que Javi no la diñó en el accidente y que en un garito de Pozuelo de Alarcón escucharon a un guitarrista yayuno con un punteo muy parecido al suyo. Y en segundo lugar el homenaje que en “Heavy por un tubo” rindieron a la banda Arriquitaun Mefistofélico al conmemorarse los 25 años de su disolución y el concierto despedida en honor de Javier Parrado. Reportaje que tras pasar revista a la trayectoria musical y oscura trastienda de la banda emblema del denominado «heavy canalla» concluía citando el tercer mandamiento del Decálogo que rige el Cuento No Empalagoso: en determinados ambientes y circunstancias un final feliz nunca ha de parecerlo.








Andrew Savulich

1 Comentario:

P MPilaR dijo...

*y lo que les aguarda aún a las zagalas por aprender de un tirón!*
Bss

Textos del CdC bien peinados


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