7/18/2017

El loco que apedrea al mar

«No pierdas el tiempo
como el loco que apedrea al mar».

Cuando el hastío campa cualquier cupón de la ONCE salva.
O el futurible rasca y gana del paquete de cereales.
¿De qué lloran las canciones del loco?,
—en sus ojos hay sangre que mira
y un hambre masticada en los parpadeos—;
debaten los que decoran interiorismos con sus aullidos.
¿De qué lloran las canciones del loco?
—padece un desgarro, salamanquesas lengüeteando el paladar,
y se alimenta de moscas escupiendo el idioma y la camisa de fuerza—;
debaten los que prologan sus libros de gastronomía
y profetizan a qué sabrá tanta ansia.

El manicomio se engalana de verbena.
Farolillos con los prospectos de la medicación.
Las tapias camaleonan grafitis pintureros.
Las ratas acunan rosas.
El güisqui se bendice.
La rabia muerde a sus propios dientes.
—Y a sus propios hijos—.
El tumefacto ojo casa bien con la despreciativa sonrisa.
Mañana sangrará el otro costado.
No hay por qué alarmarse, aquí ningún color arraiga
lo regulado para ser color.

Admiran al loco.
Lo envidian desde la orilla estival.
Palpan con profiláctica precaución su desencaje cotidiano.
Lo piensan postura.
Pavo real donde el anecdotario del Mercadona.
No comprenden,
jamás comprenderán,
los visitantes dominicales,
que los locos aman al mar
y tratan de mantenerlo alejado de los hombres.








Morgan Ashcom

1 Comentario:

P MPilaR dijo...

seguiremos aullando precauciones
dando la vara
llorando mares
mordiendo rabias y lo que nos dejen masticar
'hasta que empobrezcamos de divinidad'

tremendo, tremendo

bss