Hazme palabras: Enchichada

Enchichada. Caricia detenida. La esencia de la caricia, como ya dejó escrito Adelino Cifuentes en su célebre ensayo “Mira, niña, arrímate que en esto las palabras no dicen” (ed. Nubes, Bilbao 1957) es el deslizamiento, las maletas en las manos y el moroso tránsito por el otro. Al parar la caricia, por consiguiente, se extrema la mudanza, la ausencia de uno, y si somos es porque somos ya en el otro. Que en definitiva es todo buen follar. En la enchichada mi mano hace patria y fe de la cara oculta de tus muslos, de los capítulos de tu culazo, del sudor perlado del debajo de tus tetas. Y ahí me quedo, en mi país y con mi Dios. ¿Contraindicaciones?: las contraindicaciones mismas. Porque quien le quiera sacar defectos a la enchichada se merece el peor de los morirse, tras 120 años de vida con las manos cojas, solo suyas y quietas en él. ¡Ea!


Recopilación de palabrunas y palabrismos con su debido y escaso pormenor,
que quien lo arrienda todo a una explicación de poco quería enterarse.
Por Martín Pedriches, maestro de poca escuela








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